Hay muchas historias sobre barcos desaparecidos: el Mar de los Sargazos, el Triángulo de la Bermudas… En el puerto de Barcelona ocurrió un caso de un barco que desapareció misteriosamente.

Esta es una historia digna de Agatha Christie; una partida de Cluedo en la que están todos implicados: la Generalitat de CiU y Jordi Pujol, el ayuntamiento del PSC de Pasqual Maragall, la Diputación de BCN, Terra Lliure, ERC pagando facturas de fianzas judiciales de unos pirómanos y un “cadáver” que desaparece del lugar de los hechos para aparecer en otro lugar… Hay nombres y apellidos…

LA CARABELA

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Hace años en el puerto de Barcelona, al final de las Ramblas, cerca de la estatua de Colón y del Museo de las Atarazanas, había amarrada una reproducción de una de las naos del descubridor de América.

La nave era una reproducción de la Santa María. Era un barco de madera pintado en negro y rojo. Era una parte del conjunto turístico de aquella zona de la ciudad y se podía subir a ella y visitarla. Yo lo hice en tres ocasiones, una con mi padre, otra en una salida de mi colegio y también con unos familiares venidos de otra ciudad.

El barco fue construido en unos astilleros de la playa del Cabañal, en Valencia, bajo la dirección de Julio Guillen Tato, capitán de navío y director del Museo Naval, para formar parte de la película ‘Alba de América’ (1951).

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OBJETIVO ENEMIGO A DESTRUIR

El barco en cuestión era una nao, pero la gente la llamaba carabela y así fue conocida esta atracción turística: la carabela de Colón, un apéndice del Museo Marítimo de las Atarazanas. Estuvo amarrada en el puerto de Barcelona desde el año 1952 hasta el año 1990, en que fue seriamente dañada por un cóctel molotov lanzado por un integrante de la banda terrorista Terra Lliure, que había marcado la nave como objetivo enemigo a destruir.

Después de otros tres intentos fallidos con artefactos caseros de cloratita, la banda consiguió su objetivo. “La carabela era un símbolo y había que abatirlo” explica Miquel Casals, autor de los ataques.

Al poco tiempo esa organización terrorista de carácter nacional y socialista, así se definían (nacionalsocialista, vamos), se disolvía y al cabo de un tiempo sus componentes pasaron a engrosar el organigrama político catalán, varios de ellos acabaron en las filas de ERC.

Terra Lliure dejó un balance de más de 200 atentados y cinco víctimas mortales, cuatro fueron miembros de la banda (torpes como ellos solos en sus acciones y en el manejo de explosivos) y la quinta víctima, una anciana fallecida al caerle encima una parte de su casa por una explosión de uno de sus artefactos (fue un error, reconoció la organización).

“Cada vez que venías a Barcelona, te encontrabas la carabela, como un símbolo del españolismo más rancio. Fue una cosa personal, como una obsesión.”, reconoció el pirómano, orgulloso al recordar su hazaña.

Lo grande que es Barcelona y que siempre acabara el pobre Miquel en el puerto de la ciudad rechinando sus dientes delante de  la nave, en verdad que ser patriota catalán es sufrir.

Miquel Casals ahora milita en lo del Procés, pero tiempo al tiempo, volveremos con él más adelante.

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El “héroe” que quemó el símbolo de la opresión del estado español fue detenido y procesado por Baltasar Garzón, también estaba imputado por la entrega de cuatro revólveres a otro activista militante de ERC según la prensa de la época.

Se fijó una fianza de un millón de pesetas que fue pagada por ERC y satisfecha en su nombre por Jordi Portabella, desplazado a tal motivo al juicio que se celebró en Madrid.

La nave quemada era propiedad de la Diputación de Barcelona y el problema de la misma era una indeseada patata caliente para la Generalitat y para el Ayuntamiento y Diputación de la ciudad.

La Generalitat optó por mirar hacia otro lado, imagino a consellers y presidente complacidos con el acto, siempre obtuvieron réditos políticos con el apoyo al radicalismo independentista, pero otra cosa era responder de los daños causados.

El ayuntamiento del PSC, cada vez más nacionalista y más patriótico, calló pero apremiaba a la Diputación, era el año 1990 y la ciudad estaba en el ojo de la prensa mundial, en un par de años se celebrarían las olimpiadas de Barcelona y la publicidad de esa barbarie no convenía a la ciudad.

Ya quedaba un poco lejos el 23 de abril de 1983, en el que 1.500 vándalos de la Crida a la Solidaritat, patrocinada por Jordi Pujol y controlada por Òmnium Cultural, tras concentrarse en Sant Jaume bajaron hacia las Ramblas, donde destrozaron y quemaron una caseta del PSC (qué gusto por el fuego) y agredieron a los militantes de ése partido que estaban presentes. Pasqual Maragall, calificó los hechos de “fascismo” y manifestó que “el totalitarismo ha ido siempre de la mano del nacionalismo”.

El presidente de la Generalitat había declarado pocos días antes que “a los catalanes no nos respetan porque no somos violentos”.

Volvamos a 1990 y la nave quemada. La Diputación se vio sola y apremiada ante el destrozo sufrido. El eterno “conflicto de competencias” de Generalitat y Ayuntamiento (ése “a mi no me cargues el muerto”) se resolvió rápido con el problema depositado en la mesa del propietario de la nave.

Como el problema era económico, la Diputación decidió rápidamente la solución que el caso requería: reparar la cubierta quemada representaba un gasto de 100 millones de pesetas (?), según otras fuentes esa cifra llegaba hasta los 200 millones (sic). Unas cifras astronómicas para justificar su decisión de no reparar la nao.

LA SANTA MARÍA DESAPARECIDA

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En ése conflicto estaban las tres Instituciones cuando de repente ocurrió algo inexplicable. Una mañana amaneció el puerto sin la nao amarrada.

De un día para otro la nave, que no había quedado en ruinas, “desapareció” sin dejar rastro. Y aquí comenzó el misterio. Nadie dijo nada, nadie vio nada. No hubo comunicados oficiales. La prensa no siguió la noticia.

Circularon rumores de que la nave fue enviada a unos astilleros a repararla, hasta se habló de Japón como el lugar donde se realizarían los trabajos.

La nave se volatilizó… de momento. Hay casos en los que barcos desaparecidos volvieron a aparecer de nuevo de forma misteriosa.

No sé si este comentario será acertado en esta historia; los espiritistas dicen que las almas que no consiguen hacer el tránsito al Más Allá regresan a este mundo en forma de aparición fantasmal.

 

 

Próxima entrada en blog: ‘La carabela desaparecida (2ª parte): El desenlace)’

 

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