EL MOAI CATALÁN

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AMOR TELÚRICO

En Gerona hay un municipio del que sus habitantes dicen que es único en el mundo. Esto no es original, lo habitual es que todos amemos y nos sintamos unidos a la tierra en la que nacimos, crecimos, jugamos, quizás también nos enamoramos… Podemos hablar de unos paisajes, de unas gentes, pero en éste caso es algo realmente fuera de lo común.

Jordi Pujol habla al describir el sentimiento de ser catalán del concepto de “amor telúrico”, concepto que a mí me da hasta miedo porque la frontera entre amor y pasión en ocasiones puede ser muy difusa, hecho en que me lleva a pensar en extrañas parafilias.

El municipio del que quiero hablar es Olot, situado en la Garrotxa, zona de volcanes apagados, una zona en la que el amor telúrico puede alcanzar cotas que producen vértigo.

Pero el caso de Olot es aún más terrible porque esa población está hermanada y unida psíquica y religiosamente con una de las zonas más remota y misteriosa del planeta: la Isla de Pascua.

LAZOS HERMANOS

No deja de ser curioso (toda Cataluña lo es) que Olot, municipio adscrito a la AMI (Asociación de Municipios por la Independencia) y, por tanto, enemigo de la colonizadora y opresora España y de su idioma, esté hermanada con un lugar del mundo en el que se habla español.

Pues bien, Olot tiene erigido dentro de su casco urbano un auténtico moai pascuence. La estátua está situada en la plaza de Rapa Nui de dicha población. El consistorio presume de ser la única población del mundo que está hermanada con la Isla de Pascua y que a la vez posee una plaza con el nombre verdadero de la isla; asegura también que otras ciudades más relevantes a nivel mundial y más cercanas a la isla han solicitado tener ese honor y sus peticiones han sido rechazadas por las autoridades isleñas.

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¿Qué tiene Olot que la hace tan especial? Eso lo decidió Antoni Pujador i Estany (1948-1993), barcelonés, “Manuheurora” -el hombre que viene de lejos – (como lo llamaban los Rapa Nui) llegó a la Isla de Pascua en el año 1974 con una expedición catalana enviada para desentrañar los misterios de aquel remoto lugar.

Los terribles hechos acaecidos a la expedición y los asombrosos descubrimientos que realizaron los narraré en la próxima crónica en este blog (considérese este artículo como el prólogo de esa epopeya arqueológica catalana).

De Pujador se dice que ayudó a los habitantes de la isla a conseguir una mayor autonomía durante la dictadura de Augusto Pinochet (?), que organizó actos y proyectos a beneficio de la población (??) y que por tan beneficiosa obra fue nombrado miembro del “consejo de jefes de ancianos o jefes de Rapa Nui” (???) siendo su representante para el mundo exterior (un Raül Romeva pascuence, para entendernos).

A esto hay que añadir que, aseguran los ‘entendidos’, Olot y la Isla de Pascua están perfectamente alineados, pudiéndose trazar un eje en la Tierra con ambos puntos como extremos opuestos.

Así pues, estamos ante un caso único de amor telúrico: el amor de estas poblaciones está basado en el anhelo de libertad y el vulcanismo (así lo aseguran los ‘entendidos’).

Pero faltaba un último elemento espiritual, religioso, mágico.

¿PERO EL MOAI ES AUTÉNTICO?

Lo más curioso del moai es que no proviene de la isla, en 1982 Antoni Pujador decidió, como ’jefe sabio’ que era, que Olot estaba hermanado con la isla y encargó la talla del moai al escultor Raúl Ortiz que lo realizó en esa comarca con basalto de Castefollit de la Roca y su emplazamiento se hizo en una rotonda de la población.

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En el año 2000, ya muerto Pujador, el consitorio de Olot invitó a sus homólogos pascuenses a visitar la población y la estátua.

Las autoridades isleñas, que no tenían ni idea de la existencia del moai catalán, al verlo montaron en cólera.

Un moai necesita estar situado en un lugar lleno de paz y al verlo en medio de aquella rotonda llena de coches, poco faltó para que al alcalde de Hanga Roa le diera un pasmo. Exigió que se cambiara su emplazamiento bajo amenazas de ‘repatriarlo’ a su verdadero y hermanado lugar.

Las autoridades pascuences fueron calmadas con la promesa de una nueva situación más digna y a cambio ellos ofrecieron hacer un ritual sagrado para conferir vida a la estátua y un poder mágico superior al de un Golem.

Fue en 2007 cuando se hizo el coronamiento con la colocación del pukao (sombrero) y los ojos a la estátua, piezas realizadas en Rapa Nui por el artista pascuence Manuel Tuki, quien explicó entonces que el moai ya estaba vivo, pasando ser un aringa-ora o rostro viviente y llevando dentro el espíritu (aku-aku) de la persona que representa, en este caso Antoni Pujador, artífice del hermanamiento.

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Finalmente, el 21 de julio de 2012, se celebraron los 30 años del hermanamiento de las poblaciones y a la estátua le fue insuflada la vida mediante el ritual realizado por un sacerdote de la isla y un grupo folklórico que interpretó unas danzas y canciones tradicionales.

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El moai es más falso que un billete de seis euros, pero ha tenido un completo ritual mágico que lo ha dotado de vida con el alma de Pujador anidada en su interior.

La estátua mantiene la unión mística de Olot con aquel remoto rincón del planeta.

Pobre moai solitario lejos de su hogar, del mar y de un clima tropical del que gozan sus hermanos mayores.

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Lo que se mantiene en secreto es cómo se produjo el hermanamiento de Cataluña con la Isla de Pascua mediante una expedición arqueológica que allí se desplazó capitaneada por un ufólogo y por Pujador, esponsorizada por instituciones catalanas.

Los resultados obtenidos no pudieron ser más ridículos, dignos del nombre que se le dio a la expedición: Operación Rapa Nui.

APOSTILLAS: EL POLO OPUESTO DEL MUNDO Y EL FIN DE UNA CIVILIZACIÓN

Aplicando las coordenadas de Olot en una herramienta que calcula el punto opuesto del mundo, el resultado obtenido resulta que no es la Isla de Pascua, sino un punto en mitad del Océano Pacífico y una advertencia que indica literalmente “cuidado con los tiburones”.

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Mucho se ha escrito sobre el fin de aquella misteriosa civilización isleña que no dejó legado alguno que pueda ser interpretado en la actualidad. ¿Cataclismo, intervención de seres del espacio exterior, …?

La respuesta es mucho menos romántica y mucho más terrible y cercana. Cataluña y la isla de Pascua tienen una relación ocultada por el establishment nacionalista catalán y siniestramente similar a la que tiene un determinado canciller austríaco y Polonia.

Joan Maristany Galceran, apodado Tara (El Masnou, 1832-1914), fue un capitán de navío catalán dedicado a la piratería y la esclavitud, y fue protagonista en el exterminio de un tercio de la población de la Isla de Pascua a finales del siglo XIX.

Un genocida, una auténtica bomba de neutrones con patas responsable de la captura de más de 1.000 isleños para venderlos como esclavos, incluyendo a miembros de la casta sacerdotal y de la familia real pascuence.

Mató a los que se resistieron y dejó a un grupo a los que se les contagió de viruela, enfermedad que acabó con la práctica totalidad de la población de la isla; sólo sobrevivieron 10 familias, 111 personas de un total de más de 3.000.

Ése fue el fin de la misteriosa orbe de escultores de colosos pétreos. Un catalán acabó con un pueblo, con un idioma, con una cultura; acabó con una civilización.

No puedo imaginar una ceguera mayor que la de los mandatarios de Rapa Nui por el hermanamiento de su pueblo con los de otro perteneciente a la región donde nació el responsable de semejante genocidio.

No sé si el alma de Pujador encerrada en ese moai habrá conseguido enjuagar la deuda kármica de Cataluña con aquel lugar del mundo.

Lo que sí encierra esa estátua es el homenaje oculto a aquella terrible expedición catalana a la remota isla: la Operación Rapa Nui.

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