CiUDADANOS DE CATALUÑA. YA ESTOY AQUÍ!

José Tarradellas regresó a España como presidente de la Generalitat. Fue nombrado en el cargo en el año 1954, mientras estaba en el exilio. Tras morir Franco y después de negociaciones con el gobierno de Adolfo Suárez, volvió para presidir un gobierno preautonómico de coalición en Cataluña.

El 23 de octubre de 1977 desde el balcón de la Generalitat, Tarradellas exclamó aquella triunfal frase de ‘¡Ciudadanos de Cataluña, ya estoy aquí!’.

Quizás hubiera sido más correcto un ‘ya estamos aquí’. Él y la reliquia que en todo momento custodiaba.

EL CORAZÓN VIAJERO

El corazón de Macià estuvo depositado en una urna en el exilio, al estilo de Evita Perón. Su fiel guardián y presidente del gobierno catalán se lo trajo consigo a su regreso.

Los gobernantes nacionalistas habían errado en su pronóstico de que la tumba de Macià sería profanada por las tropas de ocupación, que se mostraron pragmáticas y evitaron infligir al pueblo catalán humillaciones del calibre del ultraje a una tumba de un presidente de la Generalitat.

Aquella tumba estuvo rodeada de misterio durante décadas, ya que Macià fue enterrado en un lugar secreto sólo conocido por iniciados. O eso se dijo. ¿La tumba estaría ocupada por otro cadáver? ¿Sería un cenotafio vacío?

El caso es que, se según se habría asegurado, personalidades catalanas y patriotas nacionalistas que mantenían en secreto su condición, acudían al cementerio de Montjuic cada año por Navidad para llevar flores a la supuesta tumba del presidente. Sólo unos pocos iniciados, antes de realizar la ofrenda, se paraban delante de otra tumba incógnita del mismo cementerio, donde en realidad yacía Macià, para orar por el anticlerical político.

Decididamente, los servicios de inteligencia de Franco estaban por otras historias o eran muy incompetentes. Quién sabe, quizás conocían aquella historia y le daban la justa importancia que se merecía o quizás Cataluña ha tenido siempre en las sociedades secretas el modelo a seguir en cuanto a modo de gobierno y de toma de decisiones y burlaba así los controles del régimen opresor.

Una sociedad de poder oculta en la sombra, totalmente secreta y si es esotérica y depositaria de arcanos conocimientos milenarios, mejor que mejor.

EN BUSCA DE LA TUMBA SECRETA

Transcurridos casi dos años del regreso de Tarradellas a Cataluña, el establishment nacionalista seguía sin olvidar al corazón separado de su venerado dueño y decidieron que se debía de realizar el encuentro entre corazón y cadáver sin más demoras en medio de un acto oficial con gusto a desagravio al fallecido, devolviendo el órgano sustraído a escondidas para preservarlo de un odio español que nunca se produjo.

Eso sí, todo el acto estaba dotado de una fuerte simbología de la persecución del pueblo catalán.

Las instituciones catalanas se pusieron en marcha: la Generalitat por un lado y el Ayuntamiento de Barcelona por otro con Narcís Serra y el PSC al mando.

Se decidió realizar protocolariamente la entrega del corazón de Macià a su familia el 10 de octubre de 1979 en el Palacio de la Generalitat y su posterior inhumación con todos los honores en el cementerio de Montjuic en un acto organizado por el ayuntamiento socialista, que demostraba (como siempre) lo que según ellos era prioritario para la sociedad catalana.

De hecho Narcís Serra se había dedicado en cuerpo y alma a perseguir e interrogar a Tarradellas para que confiara el lugar secreto donde se encontraba enterrado Macià.

El lugar secreto, según la confesión arrancada por el alcalde al presidente, era el panteón de la familia Collaso Gil, situado también en el cementerio de Montjuic.IMG_1460955863637

Lo que fue inesperada fue una terrible sorpresa al preparar el Ayuntamiento de Barcelona aquel acto.

¿DÓNDE ESTÁ MACIÀ?

El lugar en el que Macià debía de estar enterrado era el panteón de una familia patricia de Barcelona en el que el último entierro oficial se realizó en 1923.

El 2 de octubre una comitiva del ayuntamiento encabezada por el concejal de Sanidad y acompañados de miembros de la familia Macià entraba en el panteón mencionado. Fueron abriendo e inspeccionando cada una de las ocho tumbas y el osario del mausoleo  y en ninguna de ellas se encontraba Macià.

Según un periodista de El País, allí presente, la comitiva se dirigió a toda prisa hacia la tumba ‘oficial’ de Macià, encabezados por el concejal que decía sin cesar cosas ‘irreproducibles’ del presidente Tarradellas.

Las familires de Macià decían quejosos que llevaban décadas parándose cada año allí (¿pero no era secreto aquel lugar?) a recitar unas oraciones a escondidas para el difunto.

EL CADÁVER Y SU TUMBA

Los responsables municipales y la familia Maciá acordaron abrir la tumba oficial de éste. El aroma a ridículo impregnaba el ambiente, levantada la losa y abierta una trampilla interior, apareció el féretro del presidente Maciá.

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Para lograr una total certeza, abrieron el ataúd. El cadáver, pese a que había sido embalsamado, estaba totalmente descompuesto y cubierto por una bandera catalana, prueba que afianzó que aquellos despojos eran los restos del líder catalán.

Se dijo, saliendo del paso, que dentro habían urnas con las vísceras, menos las correspondientes al corazón.

Llegados a este punto, me alineo con Javier Barraycoa y creo que a Macià no le arrancaron el corazón y que, si lo hicieron, no lo sacaron de su tumba.

La historia del corazón galvanizado es risible dados los resultados de la técnica embalsamadora aplicada a Macià. El cadáver no se movió de su sitio y no fue profanado por los monstruos invasores.

A Tarradellas un funcionario de la Generalitat republicana le coló un gol dándole un recipiente con una víscera de un desconocido en la mejor tradición del cazador del cuento de Blancanieves.

El presidente de la Generalitat estuvo paseando durante cuatro décadas por media Europa unos restos de quien no era. Ridículo sobre ridículo.

EL REENCUENTRO

Los fastos preparados por el ayuntamiento para el 10 de octubre se suspendieron, pero había que salir de aquel atolladero en que se metieron los políticos catalanes por sus ansias convertir aquello en un fenómeno mediático. El golpe de efecto nacionalista acababa en un ridículo que se quería silenciar.

El 9 de octubre se hizo en la intimidad el acto de entrega de aquel paquete a la familia Macià en el palacio de la Generalitat. La caja que contenía el supuesto corazón del político fue entregada a la hija de aquél, María Maciá, en presencia de varios familiares más. Un ordenanza de la Generalitat lo depositó en uno de los coches en que Tarradellas y los familiares de Maciá se dirigieron posteriormente al cementerio de Montjuic. Ya en el cementerio, la caja que contenía la víscera fue depositada en la tumba de Francesc Macià.

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Al acto no asistió público, a excepción de un carcamal, viejo militante de Estat Catalá -organización nacionalista radical de ‘camisas pardas’ fundada por Maciá-, el cuál se limitó a gritar el democrático eslogan: ‘Este es nuestro capitán; esta es nuestra bandera’.

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EPÍLOGO

Tarradellas después de aquello quedó desacreditado, culpabilizado del ridículo de las instituciones de la Generalitat y del Ayuntamiento de Barcelona. Pasó al retiro de la vida política tras la aprobación del Estatuto de Cataluña y recibió con honor y regocijo el título de marqués de manos del Rey de España. Final honorífico para el viejo republicano, luchador durante toda su vida contra un país invasor.

Esta historia es una pequeña muestra de las verdades del nacionalismo catalán. Acabo con el gol que le colaron los medios catalanes a la agencia de noticias del mismísimo New York Times en el año 1932 durante el entierro de Macià y que el periódico publicó al dictado: ‘en las calles de Barcelona había más de un millón de afligidos catalanes al paso de su féretro’ (sic).

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Huelgan comentarios. En Cataluña todo es grande, trágico y maravilloso.

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